
La dictadura cubana ha recurrido a la violencia política y al terrorismo desde sus inicios. Con el tiempo, la intensidad y manifestaciones del terror han ido cambiando e integrándose en estrategias más complejas. Sin embargo, el régimen nunca ha pedido perdón, nunca ha dejado de amparar a sus autores y siempre ha cooperado en legitimarlo internacionalmente.
El castrismo en Cuba recurrió al terror y a la violencia para instaurar su dictadura en 1959 y ha seguido teniendo conexiones con actos criminales o violentos para mantener su régimen antidemocrático a lo largo de más de 60 años. Fidel Castro aparece vinculado con la violencia política desde su juventud. La prensa de aquellos años lo relaciona con, al menos, tres asesinatos, aunque nunca pudo ser condenado por falta de pruebas. Pero en la década de 1950 fue cuando se constató que la Revolución naciente iba a utilizar el terrorismo como su principal arma para llegar al poder.
El terrorismo en Cuba empezó siendo un arma de guerra para llegar al poder, pero después de transformó en una herramienta política, que ha ayudado al régimen a tejer su red comunista en el mundo. El objetivo de Fidel Castro era exportar la Revolución al mundo, sus métodos y su agenda, y tras la desintegración de la URSS se propuso ser el bastión del marxismo/comunismo en el mundo. Ese objetivo lo persigue todavía el régimen y ha encontrado en los grupos terroristas un aliado contra Occidente, lo que define como «imperialismo» y los valores que el mundo democrático representa. Esta agenda invita a una reflexión sobre la relación y la respuesta que se debe dar, sobre todo desde la Unión Europea, a un régimen como el cubano, al que Estados Unidos sí reconoce como un país que patrocina el terrorismo.