
Gobernar no consiste en improvisar ni en reaccionar a la consigna del día. Exige tomar decisiones a partir de principios reconocibles, plasmando una visión coherente de futuro y un programa de medidas concretas que permita anticipar consecuencias, ordenar prioridades y rendir cuentas.
Cuando falta ese armazón intelectual, la acción política deriva fácilmente en oportunismo. Día a día, nos topamos con decisiones erráticas, políticas contradictorias y un uso improvisado y táctico del poder, lo que sacrifica el largo plazo en favor de la supervivencia inmediata.
Los principios no son un recurso retórico, sino el punto de apoyo que permite sostener el rumbo cuando aparecen las presiones, las crisis o el desgaste propio del ejercicio del poder Ejecutivo, siempre sometido al debido escrutinio por parte de jueces y legisladores, así como por la sociedad civil y sus fuerzas vivas.
Un programa de gobierno bien definido obliga a priorizar, a explicar renuncias y a asumir costes políticos, lo que redunda en una mayor calidad institucional del sistema en su conjunto. Esto genera una mayor confianza y enriquece el proceso político de forma notable.
En este contexto, las instituciones de la sociedad civil dedicadas a la producción de ideas desempeñan un papel decisivo. El trabajo de centros de estudio y espacios estables de análisis permite sostener una visión de largo plazo. Mientras que la política deriva con frecuencia en la urgencia, el tacticismo y el vaivén electoral, los think tanks aportan una mirada de futuro que sirve como soporte intelectual para transformar las intuiciones y los manifiestos en acciones concretas.
Los foros de pensamiento no sustituyen a los partidos, pero sí hacen posible que éstos gobiernen mejor. Traducen principios generales en propuestas concretas de política pública, aportan evidencia empírica de las mejores prácticas conocidas a nivel internacional, evalúan el impacto real de las leyes y normas que ya están en funcionamiento y mantienen vivo el debate de la proposición de alternativas.
Parecería que el ruido propio de la contienda partidista lo invade todo en la arena pública, pero, en medio de esta deriva, surge la voz de las instituciones de pensamiento, cuya función es ampliar el horizonte de lo políticamente posible y ofrecer alternativas realistas. Frente a la inercia normativa, la gestión tecnocrática, el conformismo institucional o la tentación permanente de intervenir y legislar como reflejo, el trabajo que realizan los think tanks juega un papel crucial.
El trabajo de los centros de estudios resulta imprescindible para sacar adelante cualquier reforma ambiciosa. Ningún cambio estructural surge de la nada, ni se sostiene únicamente con voluntad política. Requiere ideas trabajadas, diagnósticos rigurosos y equipos capaces de acompañar la acción pública en el tiempo. En ese ecosistema, donde el pensamiento precede a la acción, se decide en buena medida si una sociedad avanza de forma ordenada o, por el contrario, si queda atrapada en la improvisación permanente.
El presente documento esboza las líneas generales de un ambicioso proyecto impulsado por dos instituciones de pensamiento que, reconociendo sus motivaciones comunes y actuando desde la voluntad de favorecer un cambio positivo en España, han sumado sus fuerzas para desarrollar una ambiciosa agenda de desregulación que plantea la revisión de toda la normativa aprobada bajo gobierno de Pedro Sánchez, con ánimo de identi- ficar qué leyes son susceptibles de ser reformadas y cuáles pueden ser derogadas por completo.
Con esta iniciativa conjunta, el Instituto Juan de Mariana (IJM) y el Centro de Estudios, Formación y Análisis Social (CEU CEFAS) ofrecen un análisis riguroso del problema de la sobrerregulación y plantean soluciones con- cretas que permitirían replantear la situación, siempre con los principios de la libertad como referencia última.