
El viernes 21 de marzo celebramos en Barcelona el seminario “Qué queda de la Constitución de 1978: hacia una re-constitución de España” donde hemos reflexionado sobre el devenir de la Constitución Española y sobre las posibles necesidades de la política actual. La jornada ha comenzado con las palabras de bienvenida del director de CEU-CEFAS, Elio A. Gallego, quien ha invitado a todos los asistentes a reflexionar sobre las cuestiones fundamentales que se están dando a nivel constitucional y político en España en favor del Bien Común.


La primera ponencia “Crisis y erosión institucional: ¿fin de régimen o fin de España?” ha estado a cargo del responsable de Relaciones Internacionales de CEU-CEFAS, Jorge Soley, quien ha destacado que, aunque la estabilidad del régimen político en España ha sido un logro, los signos de desgaste son evidentes, especialmente por la erosión de la separación de poderes y el debilitamiento del poder judicial. Al mismo tiempo, Soley ha señalado que el modelo autonómico ha podido contribuir a esta crisis con la creación de “microestados”, sobre todo en competencias educativas, que ha fracturado una visión común y ha aumentado el gasto público. En este sentido, ha advertido de que la reinterpretación de la Constitución la vacía de contenido y ha planteado que el proyecto de una reconducción de la situación “solo se podría dar si hubiese un firme sentido de pertenencia a una comunidad”.
A continuación, ha tenido lugar la mesa redonda “¿Está agotada la Constitución Española? Qué nos queda del consenso de 1978”, en la que han intervenido el catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Barcelona y presidente del Club Tocqueville, Josep Maria Castellá; el profesor de Política y Gobierno en la Universidad Francisco de Vitoria, Javier Redondo; y el vicerrector de Profesorado de la Universidad CEU Fernando III de Sevilla y profesor de Derecho Constitucional, Pablo Nuevo.

El Catedrático Castellá ha destacado durante su internvención que la crisis político-constitucional en España es profunda, pero ha señalado que la responsabilidad reside principalmente en los políticos y no propiamente en la Constitución: “No fue una Constitución de la ruptura, si no que hubo un consenso entre los partidos que permitió darle una respuesta a España”, ha afirmado. Asimismo, el catedrático de Derecho Constitucional ha puesto sobre la mesa la necesidad de llevar a cabo una propuesta con reformas constitucionales, pero ha dudado de la idoneidad del momento: “Hay que pensar propuestas para una reforma política, pero puede que no sea el momento de llevar a cabo estas modificaciones”, ha concluido.
Seguidamente, ha intervenido el profesor Redondo quien ha advertido a los asistentes sobre un proceso de vaciamiento de la democracia y de la Constitución en España. Y ha señalado que, desde 2018, los discursos políticos han dejado de compartir un marco común de debate entre las diferentes posiciones ideológicas. Además, Redondo ha explicado que no cree en el consenso social como una norma absoluta y ha criticado el “nuevo consenso” promovido por ciertos sectores, calificándolo de monocromático y, por tanto, falso. En su opinión, esta redefinición del consenso supone una reformulación de la democracia, donde la regla de los dos tercios es reemplazada por una lógica de mayoría simple: «Este nuevo falso consenso es la deconstrucción de nuestro modelo constitucional”, ha asegurado.



La última intervención de la mesa ha estado a cargo del profesor Nuevo, que ha querido advertir sobre la estrategia de un gran partido nacional que, en su afán de mantenerse en el poder, ha optado por impugnar el espíritu de reconciliación que marcó la transición. Según él, esta dinámica ha debilitado la voluntad y conciencia de vivir juntos como sociedad. Asimismo, ha destacado la necesidad de abordar reformas constitucionales desde un enfoque realista, señalando que es contradictorio hablar de una situación de excepcionalidad sin proponer mejoras en el texto constitucional. Por último, ha subrayado que además de un esfuerzo intelectual para definir el modelo político deseado, es fundamental contar con líderes capaces de afrontar los retos del país: «Hay que formar esa clase dirigente que sabe asumir las responsabilidades y cambios que España necesita”, ha concluido Nuevo.
La segunda parte de la jornada ha continuado con la ponencia “Constitucionalismo histórico y moderno” del director de CEU-CEFAS, Elio A. Gallego, quien ha realizado un análisis del impacto de la revolución en la configuración del presente, destacando cómo la Revolución Francesa estableció dos grandes mitos políticos: la soberanía nacional y los derechos del hombre, concebidos como sustitutos de la religión. Asimismo, ha advertido sobre el papel disolvente de los derechos humanos cuando carecen de límites, lo que, a su juicio, ha derivado en fenómenos como el wokismo, que considera una locura basada en la idea de que el ser humano puede redefinirse sin restricciones.


En su intervención ha alertado sobre una creciente polarización política, que ha descrito como una “pequeña guerra civil fría”, con figuras como Donald Trump convirtiéndose en símbolo de la resistencia ante la disolución de las identidades nacionales. Como respuesta a esta crisis, Gallego defendió la necesidad de renovar el pacto fundamental entre el Rey y el pueblo a través de sus cortes, rescatando una tradición que, en su opinión, ha sido erosionada por la ideología progresista que ha eliminado el sentido de lealtad en la política moderna: “Nuestra forma política actual no genera lealtad”.
El seminario ha concluido con la ponencia “Hacia una re-constitución de España” del catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla, Francisco Contreras, que ha defendido la necesidad de encontrar un punto intermedio entre los extremos políticos actuales y ha rechazado responsabilizar a la Constitución de la situación actual del país, recordando que ésta ha garantizado 50 años de democracia liberal y estabilidad, evitando conflictos como una nueva guerra civil.
Sin embargo, ha reconocido que la Constitución de 1978 refleja el contexto ideológico de su época y que, en la actualidad, el panorama ha cambiado, con una izquierda que ha derivado en un pensamiento radical. En este sentido, ha advertido sobre una “deriva totalitaria blanda” que amenaza la igualdad ante la ley. Por último, ha propuesto llevar a cabo una serie de reformas que refuercen la independencia judicial, aclaren que la autonomía no equivale a soberanía y que reconozcan expresamente el derecho a la vida y el apoyo a la familia en la Constitución.
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