A finales de 2025, Venezuela está atravesando la crisis política más profunda desde la llegada del chavismo al poder, caracterizada por una convergencia sin precedentes de presiones internas y externas que han puesto en «jaque mate» la viabilidad del statu quo autoritario. El régimen de Nicolás Maduro enfrenta un triple desafío: una crisis de legitimidad insuperable tras las elecciones del 28 de julio de 2024, un colapso socioeconómico que afecta a la mayoría de la población, y una presión militar estadounidense que ha escalado desde las sanciones tradicionales hacia operaciones cinéticas activas en el Caribe.

La pregunta que domina el panorama político internacional es cuánto tiempo podrá Maduro sostenerse en el poder y en qué condiciones podría producirse una salida que parece inminente. Examinaremos los factores determinantes, los escenarios probables y las perspectivas para los venezolanos y la comunidad internacional.
La crisis de legitimidad: el desconocimiento del mandato popular
Las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 constituyen el epicentro de la actual crisis. El Consejo Nacional Electoral (CNE) proclamó a Nicolás Maduro vencedor con el 51,2% de los votos, sin presentar los resultados desglosados mesa por mesa, una práctica que tradicionalmente se había respetado. La oposición, liderada por María Corina Machado, publicó el 83,5% de las actas electorales recabadas por sus testigos, que demostraban una victoria contundente de Edmundo González Urrutia con aproximadamente el 70% de los sufragios.
El Centro Carter, que actuó como observador electoral por invitación del propio CNE, concluyó que las elecciones «no se adecuaron a parámetros y estándares internacionales de integridad electoral y no pueden ser consideradas como democráticas«. La Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU ha documentado desde entonces un patrón sistemático de represión postelectoral que, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), alcanza el umbral de prácticas de terrorismo de Estado.
El rechazo ciudadano e internacional
Encuestas realizadas entre finales de 2024 y principios de 2025 revelan un consenso social abrumador sobre la ilegitimidad del gobierno. Según el Centro de Estudios Políticos de la UCAB (Universidad Católica Andrés Bello), el 91,6% de los venezolanos considera que Edmundo González fue el verdadero ganador de la elección, mientras que el 83,3% manifestó su desacuerdo con la juramentación de Maduro el 10 de enero de 2025. La desconfianza hacia el CNE alcanza el 85,82% y la desconfianza personal en Maduro es del 87,5%.
A nivel internacional, el Parlamento Europeo reconoció a González Urrutia como «presidente legítimo y democráticamente elegido» en septiembre de 2024. Estados Unidos, bajo la administración Biden primero y Trump después, reconoció formalmente a González como «presidente electo». El Congreso de España aprobó igualmente su reconocimiento, aunque el gobierno de Pedro Sánchez se abstuvo de seguir esta línea.
La toma de posesión de Maduro y la nueva fase del conflicto
El 10 de enero de 2025, Nicolás Maduro juró el cargo como presidente para el período 2025-2031 ante la Asamblea Nacional, controlada por el chavismo, en una ceremonia adelantada más de una hora respecto a lo programado. Edmundo González, quien había prometido regresar a Venezuela para asumir la presidencia, no pudo cumplir su anuncio. María Corina Machado explicó que el régimen había cerrado el espacio aéreo y activado su sistema de defensa antiaérea, haciendo imposible la entrada segura del candidato opositor.
Desde entonces, la oposición entró en una nueva etapa de resistencia clandestina. Machado permanece oculta en Venezuela desde hace más de un año, enfrentando amenazas constantes del régimen. González, desde el exilio en España, ha continuado su labor diplomática, recibiendo reconocimientos como el Premio Sájarov del Parlamento Europeo (2024) y el Premio Milton Friedman (2025).
El 10 de octubre de 2025, el Comité Noruego del Nobel otorgó el Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado «por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha en favor de una transición justa y pacífica de la dictadura hacia la democracia». Este reconocimiento internacional reforzó simbólicamente la posición de la oposición democrática.
La situación actual: represión, presos políticos y crisis humanitaria
La ONG Foro Penal documenta actualmente 887 presos políticos en Venezuela, incluyendo 117 mujeres, 174 militares y 4 adolescentes. Según otras fuentes consultadas, estas cifras, en realidad, se quedan cortas. Desde las elecciones de 2024, se han acumulado 18.591 arrestos, con 16 fallecidos bajo custodia del Estado. Entre los detenidos hay 85 ciudadanos extranjeros, incluyendo 19 españoles (15 con doble nacionalidad), 21 colombianos y ciudadanos de Argentina, Italia, Portugal y otros países.
La Misión Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU ha alertado que «la persecución por motivos políticos se está intensificando» y que la única esperanza de justicia para las víctimas recae en la comunidad internacional. En mayo de 2025, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos denunció que «la detención y desaparición forzada de críticos del Gobierno venezolano continúa, alimentando un clima de miedo».
La crisis migratoria
Venezuela protagoniza la mayor crisis de desplazamiento forzado de las Américas y una de las más graves del mundo. Según datos de la Plataforma R4V y ACNUR, aproximadamente 7,9 millones de venezolanos residen actualmente fuera del país como refugiados o migrantes. Se proyecta que casi un millón adicional podría emigrar para finales de 2025, según el Laboratorio de Ciencias Sociales (LACSO).
La pobreza afecta al 86,9% de la población, mientras que más del 73% de los hogares venezolanos ingresa menos de 250 dólares mensuales. El colapso de los servicios públicos, la escasez de medicinas y alimentos, y el deterioro generalizado de las condiciones de vida continúan expulsando a venezolanos del país.
La escalada de la presión internacional: Estados Unidos y el despliegue militar
La administración Trump ha implementado un cambio radical en la política estadounidense hacia Venezuela, transitando de una estrategia basada exclusivamente en sanciones a operaciones militares activas en el Caribe. Con el fin de combatir el narcotráfico, Estados Unidos ha desplegado una fuerza militar sin precedentes en la región:
- El portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande y avanzado del mundo, acompañado de destructores y submarinos
- Aproximadamente 20.000 militares en el Caribe, incluyendo grupos de operaciones especiales
- Cazas F-35, bombarderos B-52 y B-1B de largo alcance
- 186 misiles de crucero Tomahawk, más que los utilizados para derrocar a Gadafi en Libia en 2011
El Cartel de los Soles y la designación terrorista
El 24 de noviembre de 2025, el Departamento de Estado USA designó formalmente al Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera (FTO). Según Washington, esta estructura criminal integra a la cúpula del Ejército y el gobierno venezolano, con Nicolás Maduro a la cabeza. Esta calificación abre la puerta a medidas punitivas más contundentes y refuerza la estrategia de presión sobre Caracas.

Como no podía ser de otra manera, el gobierno venezolano rechazó la designación, calificándola como un «invento» para justificar una intervención ilegítima. El ministro de Relaciones Exteriores, Yván Gil, acusó a Washington de buscar un cambio de régimen para controlar los recursos petroleros del país.
La llamada Trump-Maduro: un ultimátum rechazado
Según revelaciones de Reuters y otras fuentes, el 21 de noviembre de 2025 Donald Trump mantuvo una conversación telefónica con Nicolás Maduro, ofreciéndole un ultimátum: abandonar Venezuela en el plazo de una semana a cambio de elegir libremente su país de destino.
Maduro habría respondido con condiciones que Trump rechazó:
- Amnistía total para él y su familia
- Archivo de la causa ante la Corte Penal Internacional
- Levantamiento de sanciones a más de 100 funcionarios venezolanos
- Un gobierno interino liderado por la vicepresidenta Delcy Rodríguez, previo a nuevas elecciones
Al expirar el plazo el pasado 28 de noviembre, Trump declaró el espacio aéreo venezolano «cerrado» e intensificó el despliegue militar. El gobierno de Maduro solicitó una nueva llamada con Trump, pero persisten desacuerdos significativos.
Rusia: asociación estratégica reforzada
En octubre de 2025, Nicolás Maduro promulgó la Ley Aprobatoria del Tratado de Asociación Estratégica y Cooperación entre Venezuela y Rusia, formalizando un acuerdo suscrito en Moscú en mayo de 2025. El tratado amplía la cooperación en energía, minería, transporte, seguridad y defensa.
El presidente Putin ha reiterado su respaldo a Maduro, afirmando que Rusia continuará el «estrecho trabajo conjunto» para fortalecer las relaciones de asociación estratégica. Durante la XIX Reunión de la Comisión Intergubernamental de Alto Nivel (noviembre de 2025), se firmaron 42 acuerdos de cooperación, incluyendo el fortalecimiento militar.
China: apoyo frente a las sanciones
China ha declarado públicamente su respaldo a Venezuela frente a las sanciones estadounidenses, oponiéndose a cualquier «interferencia en asuntos internos». El presidente Xi Jinping ha manifestado que China seguirá apoyando a Maduro a «salvaguardar su soberanía y seguridad nacional».
Sin embargo, analistas internacionales señalan que tanto Rusia como China enfrentan limitaciones en su capacidad de apoyo efectivo. Rusia prioriza el conflicto en Ucrania, que consume recursos militares y diplomáticos, mientras que China mantiene una postura pragmática que evita confrontaciones directas con Washington.
La economía venezolana: entre el crecimiento oficial y la precariedad real
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyectó que Venezuela experimentará el mayor crecimiento económico de Sudamérica en 2025, con un incremento del PIB del 6%, muy por encima del promedio regional del 2,4%. El Banco Central de Venezuela reportó un crecimiento del PIB del 6,6% en el primer semestre de 2025, con una expansión del sector petrolero del 12,3%.
El gobierno de Maduro, como era de esperar, celebró estas cifras, atribuyéndolas a la «Agenda Económica Bolivariana» y a 18 trimestres consecutivos de crecimiento. La vicepresidenta Delcy Rodríguez destacó que Venezuela «construye un nuevo modelo económico soberano». Pero nada más lejos de la realidad: las proyecciones de CEPAL se sostienen fundamentalmente por factores estructurales y coyunturales ajenos a la gestión del régimen de Maduro.
El crecimiento porcentual es engañoso porque parte de una base extraordinariamente baja. Entre 2014 y 2020, Venezuela perdió aproximadamente el 80% de su PIB, una contracción mayor que la de cualquier país en tiempos de paz en la historia moderna. Sólo en 2019 el PIB cayó un -25,5% y en 2020 un -30%. A esto se sumó las licencias petroleras estadounidenses y las remesas recibidas de los venezolanos exiliados.
La otra cara de la realidad
Estos indicadores macroeconómicos contrastan dramáticamente con la situación cotidiana de la población. El informe del PNUD sobre el primer semestre de 2025 señala que la inflación anualizada alcanzó el 216,7%, asociada a la devaluación del tipo de cambio y factores de incertidumbre vinculados a las sanciones internacionales. El tipo de cambio oficial pasó de 216 a 258,80 bolívares por dólar en la última semana de octubre de 2025.
El 83,4% de los venezolanos califica su situación económica como «mala» o «pésima». La brecha entre el dólar oficial y el paralelo supera consistentemente el 40%, acelerando la inflación y erosionando el poder adquisitivo de quienes dependen de ingresos en bolívares.
Escenarios de futuro: ¿cuándo y cómo podría salir Maduro?
Expertos del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello (Politika UCAB) identifican tres escenarios principales para el futuro a corto plazo de Venezuela:
Escenario 1: estancamiento autoritario (probabilidad decreciente)
El régimen mantiene el control mediante la coerción y normaliza un conflicto de baja intensidad con Estados Unidos. Sin embargo, este escenario se considera cada vez menos viable debido a:
- El gasto económico insostenible para mantener la estabilidad cambiaria
- El creciente costo político y económico de la presión estadounidense
- La erosión de la legitimidad interna
Escenario 2: transición democrática (probabilidad media)
Este escenario contempla dos vías:
- Salida negociada: garantías a la élite gobernante (amnistía, protección de activos, seguridad personal) a cambio de una transición pacífica. Esta opción requeriría la participación de mediadores internacionales (Brasil, países europeos) y el reconocimiento de los resultados electorales de 2024.
- Fractura intra-régimen: una ruptura en las altas esferas del poder provocada por el aumento insostenible de los costes de lealtad a Maduro. María Corina Machado ha insistido en que las fracturas internas son «inevitables» bajo la presión actual.
Escenario 3: incidente cinético limitado (catalizador de alta probabilidad)
Un ataque militar puntual de Estados Unidos (aéreo, marítimo o terrestre limitado) que no busque una ocupación, sino acelerar el cambio en el cálculo coste-beneficio de la élite venezolana, precipitando la fractura interna o forzando una negociación seria.

Obstáculos para la transición
La literatura especializada advierte que los procesos de transición democrática no garantizan automáticamente democracias estables. Venezuela enfrenta obstáculos estructurales específicos:
- El factor cubano: funcionarios estadounidenses han señalado que los «controladores cubanos» podrían ejecutar a Maduro si cede a la presión y dimite.
- La red criminal: el entrelazamiento entre el Estado y el crimen organizado dificulta cualquier salida que no incluya garantías de impunidad.
- La resistencia de guerrillas: el régimen ha distribuido armas y planificado una estrategia de guerrilla para hacer el país «ingobernable» ante una intervención extranjera.
Estimación temporal
Aunque resulta imposible establecer una fecha precisa, la convergencia de presiones sugiere que el régimen de Maduro enfrenta su momento de mayor vulnerabilidad. La llamada fallida con Trump y la intensificación del despliegue militar indican que Washington busca una resolución en el corto plazo (semanas o pocos meses).
Sin embargo, como advierten algunos analistas, el régimen depende paradójicamente de la presión militar externa para generar cohesión interna, pero esta misma presión eleva los costes de gobernar a niveles que hacen su supervivencia a largo plazo insostenible. La salida de Maduro podría producirse a través de una negociación acelerada bajo presión extrema, una fractura militar interna, o un colapso provocado por un incidente catalítico.
¿Qué pueden esperar los venezolanos y el mundo a corto plazo (6-12 meses)
- Intensificación de la presión internacional: Estados Unidos probablemente mantendrá o incrementará su despliegue militar y las sanciones económicas.
- Posibles negociaciones discretas: canales de comunicación entre Washington y Caracas podrían explorar condiciones para una salida negociada.
- Continuidad de la represión: el régimen mantendrá la persecución política y el control social como estrategia de supervivencia.
- Deterioro económico adicional: las sanciones y la incertidumbre política afectarán la inversión y el consumo.
… y a medio plazo (1-3 años)
- Escenario de transición posible: si las presiones logran fragmentar la coalición de poder chavista, podría abrirse una ventana para negociar una transición ordenada.
- Riesgo de inestabilidad: una salida abrupta de Maduro sin estructuras de transición claras podría generar vacíos de poder y conflictos internos.
- Desafíos de reconstrucción: cualquier gobierno post-Maduro enfrentará la tarea monumental de reconstruir instituciones, restaurar servicios públicos y reintegrar a millones de emigrados.
Implicaciones regionales y globales
- Crisis migratoria: una escalada de la inestabilidad podría provocar nuevas oleadas migratorias hacia Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y otros países de la región.
- Mercado petrolero: Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo; cualquier transición afectará los mercados energéticos globales.
- Precedente geopolítico: el desenlace venezolano sentará precedentes sobre la efectividad de las presiones internacionales y las intervenciones limitadas contra regímenes autoritarios.

En conclusión, podemos decir que Venezuela se encuentra en el filo de la navaja, atrapada entre un régimen que perdió hace mucho tiempo -si alguna vez la tuvo- toda legitimidad, pero mantiene el control coercitivo del Estado, y una oposición reconocida internacionalmente, pero sin capacidad de materializar el mandato electoral de 2024. La convergencia de la crisis económica interna, la presión militar estadounidense y el aislamiento diplomático ha reducido drásticamente la viabilidad del statu quo.
La salida de Maduro no es cuestión de «si», sino de «cuándo» y «cómo». Las condiciones actuales sugieren que el desenlace podría producirse en un horizonte de semanas o meses, no de años, aunque la forma específica (negociación, fractura interna o catalizador externo) sigue siendo incierta. Lo que es claro es que cualquier camino hacia la resolución de la crisis venezolana será inevitablemente complejo y de alto riesgo.
Para los venezolanos, el futuro inmediato promete más turbulencia -necesaria, por desgracia- antes de cualquier estabilización. Para la comunidad internacional, el caso venezolano representa una prueba crucial sobre la capacidad de las democracias de apoyar transiciones pacíficas y prevenir crisis humanitarias. La responsabilidad de acompañar a Venezuela hacia una salida democrática recae no solo en los actores locales, sino en toda la comunidad de naciones comprometidas con los derechos humanos.
