
Los días 25 y 26 de noviembre hemos celebrado junto a la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia el Congreso “(Des)Arraigo”, en la que hemos reflexionado desde distintos puntos de vista sobre la desligadura social, familiar y religiosa que experimenta el hombre contemporáneo, así como las distintas causas y consecuencias.


El acto ha comenzado con las palabras de bienvenida del rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Higinio Marín; y el director de CEU CEFAS, Elio A. Gallego. Ambos han trasladado su agradecimiento a los asistentes por su presencia y su interés en un tema de tanta actualidad y relevancia. Por su lado, el rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera ha explicado que la situación actual está condicionada por el papel «elefantiásico» del estado que pretende sustituir los lazos naturales: “Los ciudadanos tienen un arraigo vital que antecede y desborda al estado que son sus vínculos carnales, biográficos y familiares”, ha afirmado. Por su lado, el director de CEU CEFAS, ha resaltado que estamos presenciando evidencias de la necesidad de un arraigo verdadero y de la importancia en la existencia del hombre: “Tenemos que darnos cuenta de que en ello se juega nuestro destino. El destino de nuestras sociedades, nuestros pueblos y civilizaciones”, ha concluido.

A continuación, ha tenido lugar la ponencia inaugural “Una vuelta a la realidad: la vida comunitaria”, a cargo del filósofo y escritor, Fabrice Hadjadj, quien ha desarrollado su pensamiento entorno a la comprensión del significado de la “vuelta” del hombre a unas sociedades en las que no sufra las consecuencias de un desarraigo vital. En este sentido, Hadjadj ha trasladado que «la vuelta a la realidad no es el regreso metafísico del ser, ni siquiera la vuelta a una organización social, sino el advenimiento dramático de la caridad”.
La jornada del martes ha continuado con la mesa redonda “Pasiones sin objeto. La soledad del hombre moderno”, en la que han conversado el profesor en la Universidad Católica de Valencia, Eduardo Ortiz Llueca y la profesora en la Universidad CEU Cardenal Herrera, Feliciana Merino. Ortiz ha desarrollado su intervención entorno a la idea del amor como aquello que da raigambre al hombre, así como la importancia del orden en los afectos para lograr una vida con sentido. Por su lado, la profesora Merino ha explicado la soledad del hombre actual no como un destino metafísico, sino como una fractura con quien fuimos creados. Así pues, ha afirmado que el sistema ha ocupado el lugar de Dios y “nos vende que la soledad es prueba de empoderamiento, de autonomía”.


Posteriormente, ha tenido lugar la ponencia titulada “El extrañamiento como síntoma”, que ha sido impartida por el filósofo y escritor Jorge Freire. Su explicación ha versado sobre la reducción del hombre a categoría de individuo por la que se le desvincula de todo tipo de lazos afectivos y personales, y su única seguridad es provista por el Estado. Así pues, Freire ha destacado que es la familia aquello que nos ha formado y nos ata a nosotros mismos: “frente al discurso general, la familia no es aquel lugar que hay que abolir a toda costa”, sino como ha compartido el filósofo, la familia es aquel lugar que hay que proteger.
La tarde del martes ha continuado con la mesa redonda “Tener, ser, pertenecer” con las intervenciones de la escritora y traductora, Aurora Pimentel, y de la escritora Ana Iris Simón. Pimentel ha explicado la dimensión antropológica del tener como una necesidad del hombre el poseer y tener para desarrollarse como persona. Además, ha explicado que la parte más importante es que aquello que poseemos es siempre recibido y, por ello, es imprescindible para los hombres vivir el agradecimiento: “Nuestro tener tiene que estar equilibrado con agradecer lo recibido en muchos planos”, ha afirmado. De esta manera la traductora ha explicado que el arraigo no es solo tener, sino tener con los otros.


Seguidamente, Ana iris Simón ha explicado que el hombre contemporáneo ha sido educado para considerar que es aquello que consume y que produce y que esa visión pobre del hombre hace que “los jóvenes echen de menos a día de hoy el arraigo”. Así pues, ha explicado que antes era más sencillo para el hombre conocer cuál era su lugar y es esa necesidad la que ha revitalizado la búsqueda de un sentido trascendental: “El resurgir espiritual puede ser la manera de reconocer que hay algo más”, ha afirmado.

La jornada del martes ha terminado con la ponencia “Para salir del naufragio”, del profesor de Literatura y escritor, Carlos Marín-Blázquez, quien ha expuesto que la sociedad actual difumina nuestros lazos y nuestra necesidad del otro y que, sin embargo, para el hombre lo más importantes es poder echar raíces. Así Marín-Blázquez ha explicado que el mundo autorreferencial en el que vivimos y la sociedad hedonista e inmadura incapacitan al hombre para ahondar en su sentido.
La jornada del miércoles ha comenzado con la mesa redonda “Habitantes sin lugar. Nomadismo y pérdida” en la que han participado el profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, Tomás Baviera, y el profesor y vicerrector de profesorado de la Universitat CEU Abat Oliva, Marcin Kazmierczak.


Baviera ha explicado que “cuando damos la espalda a Dios y no vivimos de acuerdo con la verdad no nos hacemos más libres, sino más inhumanos”. En este sentido, ha expuesto que el hombre contemporáneo ha vivido bajo la idea de que todo es contingente y cambiante, pero con el deseo de encontrar un sentido que esté más allá. Por su lado, Kazmierczak ha explicado que somos náufragos porque nos han destruido nuestro relato común, es decir, la cultura que ha vertebrado nuestra existencia. Así pues, ha hecho hincapié en que la lucha y compromiso por defender nuestro relato no es solo una lucha actual, “siempre ha sido necesaria y lo seguirá siendo”.

Seguidamente ha intervenido la profesora de la Universidad Carlos III, María Calvo, en la ponencia «Un lugar al que volver”. En ella, Calvo ha querido incidir en la idea de que “somos seres genealógicos” y que la familia es el lugar que nos permite ser y nos da un significado en la vida. Para la profesora de la Universidad Carlos III la familia es aquel lugar al que volver y en el que los padres deben procurar dejar ser a sus hijos, y los hijos entender que la pertenencia no es esclavitud, sino lo que permite verdaderamente ser libres a los hombres: “Los vínculos nos liberan”, ha afirmado.
Finalmente, el congreso ha sido clausurado por el presidente de la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Valladolid, Mons. Luis Argüello. En la ponencia titulada “Culto, cultivo, cultura: órdenes (y desórdenes) de la ciudad”, el presidente de la Conferencia Episcopal Española ha recordado que el ser humano es, en lo más hondo, un ser cultural y ritual, llamado a vivir en la alianza que une naturaleza y gracia: “La relación entre naturaleza y gracia genera cultura. El ser humano es un ser cultural, no se puede separar naturaleza y cultura”, ha afirmado.


Monseñor Argüello también ha señalado que en un mundo que exalta la autosuficiencia y promueve el desarraigo, necesitamos relaciones humanas que nos recuerden que la plenitud prometida no pertenece a este mundo, pero orienta nuestra manera de construir la ciudad. El arzobispo de Valladolid ha concluido con el lema episcopal de la Conferencia Episcopal Española: «Veni lumen cordium».
Últimas noticias