
El Instituto de Estudios Americanos CEU CEFAS ha celebrado la conferencia “Venezuela en la encrucijada: entre la continuidad y la esperanza”, un encuentro que ha reunido a destacados expertos para analizar el presente y el futuro del país iberoamericano en un contexto de profundas transformaciones políticas y geopolíticas.
La sesión ha contado con las intervenciones del abogado y expresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Julio Borges; la profesora e investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, Thairi Moya Sánchez; y el doctor en Conflicto Político y Procesos de Pacificación, Miguel Ángel Martínez Meucci.

Borges ha comenzado ofreciendo una reflexión de conjunto sobre lo que definió como más de 25 años de “naufragio” institucional y social en Venezuela: un periodo marcado por la división de las familias, el exilio de más de ocho millones de ciudadanos y graves violaciones de derechos humanos.
El dirigente venezolano ha subrayado que Venezuela es un país herido que quiere, ante todo, recuperar condiciones mínimas de vida. Y ha advertido de dos riesgos principales en el actual escenario. El primero, el del “madurismo sin Maduro”: la posibilidad de que el régimen se recicle bajo nuevos rostros y presente una transición meramente económica, pero no democrática. El segundo, que la reconstrucción del país quede subordinada a intereses geopolíticos y energéticos, relegando la consolidación institucional y el Estado de derecho.
“El reto es enorme”, ha afirmado. A su juicio, no basta con un relevo en el poder: es necesario reconstruir el tejido social, profundamente fracturado, y promover una transformación que no sea solo política o económica, sino también “antropológica”. «La sociedad venezolana quiere justicia, pero no impunidad», ha concluido.


Por su parte, el doctor en Conflicto Político y Procesos de Pacificación, Miguel Ángel Martínez Meucci, ha situado el caso venezolano en el marco de un nuevo orden internacional en formación. Venezuela, ha señalado, ocupa una posición estratégica en el continente americano tanto por su extensión territorial como por sus recursos energéticos.
En este sentido, Meucci ha señalado que el interés de potencias como China, Rusia o Irán, así como el papel de Estados Unidos en la región, muestran que el futuro del país no puede desligarse de la competencia global por el control del mercado energético.
Meucci también ha subrayado que «nada está asegurado en el proceso actual y que su desenlace dependerá en gran medida del protagonismo efectivo de la ciudadanía venezolana y de la posibilidad de que el país sea conducido por líderes elegidos libremente».
Por su parte, la profesora e investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, Thairi Moya Sánchez, ha centrado su intervención en la dimensión jurídica e internacional de la crisis venezolana. Moya ha advertido del riesgo de diluir lo ocurrido en Venezuela como crímenes internacionales y ha defendido la obligación moral de las instancias internacionales de actuar con independencia de intereses políticos y de garantizar justicia para las víctimas.
Asimismo, ha señalado que el debate sobre Venezuela no puede reducirse a una lógica ideológica de izquierda o derecha, sino que debe centrarse en un criterio fundamental: si el Estado respeta o vulnera los derechos humanos.
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